¿Una nueva oportunidad para los jóvenes?

7 septiembre, 2021
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Es evidente que los jóvenes nadan a contracorriente, ya que las experiencias previas y los datos actuales nos llevan a pensar que serán los más perjudicados por la crisis actual, pero hay un atisbo de esperanza en el horizonte. Sus condiciones, que luego detallaremos, hacen que sean los primeros en perder el trabajo cuando la economía va mal; así lo sufrieron en el periodo 2008 – 2012 y lo mismo está pasando ahora. Sin embargo, quiero poner sobre la mesa algunos argumentos que ayudarían a pensar que los jóvenes se encuentran ante una oportunidad única para no solo salir airosos de la situación actual, sino para revertir los hándicaps y convertirlos en ventajas.

¿Por qué siempre les toca a ellos pagar el pato? Básicamente porque su despido es la opción más barata. Podríamos hablar de formación, de experiencia, de aprecio… Pero cuando una empresa está al límite económicamente busca rebajar costes y uno de los métodos más habituales es reducir la plantilla. Los altos costes de los despidos, especialmente los que había antes de la Reforma Laboral del 2012, hacen que sea extremadamente caro echar a un trabajador que lleva muchos años en la empresa.

Mirando el gráfico relativo a la tasa de paro desde 2008 hasta la actualidad, es evidente el efecto devastador de las crisis en los menores de 25 años. Durante los 4 años de recesión, pasa de haber 10 puntos de diferencia entre el paro total y el de los jóvenes, a más de 25 puntos en el primer trimestre de 2013. Y eso se resume en que el primer trimestre del 2008 una de cada diez personas y dos de cada diez jóvenes estaban en el paro, mientras que, 5 años más tarde, España llegaba a unas tasas de paro muy superiores al resto de Europa, con una de cada cuatro personas en paro (27% de paro en el primer trimestre del 2013). Pero es que más de la mitad de los jóvenes que buscaban activamente trabajo, no podían hacerlo (57% a principios de 2013). 

Fuente: INE

Después de un largo periodo de convergencia, la crisis de la COVID-19 ha disparado de nuevo el paro juvenil y lo ha hecho especialmente durante el segundo semestre del 2020, separando de nuevo las dos curvas.

¿Por qué la pandemia ha disparado el paro juvenil?

Básicamente, dos son los factores que explican este proceso, uno estructural y otro contractual, y ambos interrelacionados entre sí. El estructural viene provocado por los sectores en los cuales los efectos negativos han sido más acentuados. Si bien la crisis del 2008 vino provocada por problemas financieros, en España se notó especialmente en el sector de la construcción. Una etapa anterior, con fuertes desequilibrios y muy generadora de deuda para gastar por encima de las posibilidades de la sociedad en general, llevó a un proceso de impagos que provocó una crisis más profunda en nuestro país que en el resto de Europa. Uno de los ejemplos más claros fueron las hipotecas cedidas para comprar viviendas y, por lo tanto, uno de los sectores que más sufrió posteriormente la crisis fue el de la construcción. Este sector suele tener trabajadores jóvenes y poco formados y por lo tanto ese fue uno de los principales perfiles que se quedó sin trabajo (sumado a que son condiciones, en especial la del bajo nivel formativo, que no ayudan a la reocupación hacia otros sectores).

Paralelamente, y enlazándolo con el segundo factor, el contractual, la construcción y, en general, el mercado laboral español se basa en un porcentaje importante de contratos temporales. Esos trabajadores, por su facilidad de despido o no renovación y su economicidad, son los que antes pierden el trabajo en época de crisis. Y la mayoría son menores de 25 años.

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Ambos factores se han replicado en la crisis de la Covid-19. Y además con más magnitud, ya que si el sector de la construcción tenía un volumen de contratación de jóvenes y temporales alto, más lo tienen todos aquellos que tanto han sido afectados por la crisis actual, especialmente el turismo y la restauración.

Los problemas padecidos por restaurantes y el ocio nocturno, así como los que ha sufrido el turismo (siendo una de las banderas de la economía del país) han tenido un impacto muy negativo en el paro juvenil. Por otro lado los ERTOS se han aplicado a trabajadores con contratos fijos o de larga duración. A largo plazo, estos ERTOS pueden acabar en situación de paro real, pero, de momento, minimizan las pérdidas de puestos de trabajo de los que llevaban más tiempo en las empresas, versus los que eran temporales o con contratos de prueba (mayormente jóvenes).

Un mercado laboral más digital y sostenible para los jóvenes

No en vano, y a pesar de las cifras actuales, creo que estamos ante una gran oportunidad para los menores de 25 años. Lo que es malo en épocas de crisis, puede ser bueno en las recuperaciones, y si los contratos temporales son fáciles de rescindir, también lo son de dar de alta. Ante la incertidumbre actual y la imposibilidad de saber qué pasará dentro de dos o tres meses, la existencia de contratos fijos como única forma contractual sería un freno muy importante a la contratación. Por el contrario, la flexibilidad permite a los empleadores ser algo más arriesgados a la hora de reactivar su actividad. Los pocos momentos esperanzadores del último año y medio han demostrado esa voluntad de contratar y, por lo tanto, es la primera luz de esperanza ante una posible recuperación del trabajo en general, pero también, y especialmente, de la ocupación entre los jóvenes.

A eso hay que sumarle los cambios estructurales que está habiendo y habrá en nuestro país. Por un lado, a nadie se le escapa que el teletrabajo y el uso de las tecnologías digitales de comunicación han venido para quedarse. Algunas empresas recuperarán la presencialidad, pero muchas otras incorporarán nuevas herramientas para desarrollar las tareas laborales, herramientas con las que los jóvenes están habituados a interactuar y en cambio, pueden resultar incómodas para los trabajadores de cierta edad. Eso tendrá un efecto a corto plazo, dándole un valor añadido al trabajador joven, y otro a medio y largo plazo, reduciendo la productividad de los trabajadores de edad más avanzada.

Ligado a esto está el hecho de que la reestructuración de la economía tras la crisis de la Covid se quiere basar en una Europa más ecológica, más digital, más resiliente y mejor adaptada a los retos actuales y futuros, como define el Fondo de ayudas europeo NextGenerationUE y por el cual España ha tenido que presentar proyectos en esa línea para recibir las ayudas europeas.

Más allá del propio covid, existe una clara reindustrialización hacia sectores más tecnológicos. Tenemos un ejemplo con el sector automovilístico del cierre de Nissan que será sustituida por, si no se presenta una gran empresa, pequeñas empresas basadas en la automoción eléctrica y cuyos gestores y trabajadores acostumbran a ser jóvenes, como Malena Engineering, Volta o SILENCE. Es un cambio generacional, no solo a nivel industrial, sino también a nivel laboral.

En los próximos años veremos si es así y si España aprovecha la oportunidad, o se queda con una metodología laboral arcaica y basada en una industria tradicional que tanto ha perjudicado a los jóvenes.

Autor / Autora
Es profesor de los Estudios de Economia y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Actualmente es Doctorando del programa de Doctorado en Societat de la Informació i el Coneixement de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
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