Estrategias para la transformación del modelo alimentario. Aprendizajes del impacto de la COVID-19.

10 junio, 2020 transformación modelo alimentario covid19_model

La alimentación es una de las áreas económicas más conectada con la propia subsistencia humana y más interdependiente de la globalización. La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 está impactando en nuestros hábitos de consumo y, sobre todo, en nuestra perspectiva crítica sobre el modelo alimentario actual. En este marco, se abren un conjunto de oportunidades y retos para dar una vuelta de llave a nuestros hábitos de consumo. 

 

Una de las imágenes que ilustraron mejor las consecuencias de la pandemia de la COVID-19 los primeros días de confinamiento fue la concentración de personas en grandes superficies para la adquisición de productos —en gran parte alimentarios— de primera necesidad. Más allá de la lógica preocupación de la ciudadanía por asegurar un buen estado de la despensa en días de gran incertidumbre, el fenómeno muestra los límites del modelo de suministro de productos alimentarios actual.   

Los datos de los últimos informes alimentarios ayudan a visualizar cómo se articula la provisión y el consumo de alimentos en España. Por un lado, el Informe anual de comercio exterior agroalimentario pesquero y forestal 2018, publicado el año 2019 por el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), indican que la exportación de productos alimentarios alcanzó en 2018 un valor de 50.349M€, un 0,6% superior al ejercicio anterior de 2017. En el terreno de las importaciones que alcanzaron un valor de 20.224M€, se observa que el 53% de las mismas proceden de la UE, sufriendo una pequeña disminución del -0,9%. Mientras que las importaciones con origen en terceros países aumentaron un 2,3% en valor. Por otro lado, el Informe del consumo de la alimentación en España 2018, publicado por el Observatorio del Consumo y la Distribución Alimentaria (MAPAMA, 2019), muestra que el supermercado sigue siendo el canal de compra preferido (47,2%), aumentando el volumen de venta (+ 1,4%) respecto al año anterior. Las tiendas tradicionales, referentes para el consumo de productos frescos, representan el 12,9% sobre el total de compras, perdiendo el 5,4% en volumen respecto al 2017. En definitiva, se tiende a comprar en grandes superficies —con una pérdida de protagonismo de la pequeña distribución— y hay una fuerte dependencia de la importación —cada vez más lejana— y la exportación de productos.

Aumento del consumo de proximidad

El confinamiento causado por la pandemia de la COVID-19 ha generado un auge y una atención hacía los Circuitos Cortos de Comercialización. La gran capacidad de autogestión de la payesía —principalmente de productores y productoras agroecológicas— se ha evidenciado en Cataluña a través de la iniciativa Abastiment Agroecològic promovida por Arran de Terra y Pam a Pam. Como indican sus promotoras en este artículo en La Directa, el confinamiento ha dado la posibilidad de acelerar la transición a sistemas locales y sostenibles. Esta transición será posible si, como ya apuntaba L’Aresta en este informe del año 2017 promovido por la Fundación Roca Galès, se produce un cambio de escala a través de una alianza entre la Economía Social y Solidaria y el movimiento agroecológico. 

Incluso PRODECA, la empresa adscrita al Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació de la Generalitat, responsable de la promoción de alimentos catalanes y muy afín a impulsar la exportación de productos, ha generado un directorio de productos, #AlimentsDeProp, para consumidores y productores locales y, lo más importante, empieza a referirse a la relevancia de impulsar la Soberanía Alimentaria

Una reciente encuesta encargada por la Agencia Catalana del Consum al GESOP indica que el consumo después de la COVID-19 será más consciente y responsable. El 42,3% de la ciudadanía catalana cree que durante el confinamiento se ha producido un aumento injustificado de algún producto o servicio; el 43,3% cree que la alimentación fresca es el producto que ha aumentado de precio injustificadamente. Mientras que el 60,5% cree que la crisis de la COVID-19 favorecerá un consumo más responsable en su conjunto. El mismo estudio, indica que el 4,8% de las personas encuestadas ha comprado a través de Internet por primera vez durante el confinamiento. De todas formas, los alimentos frescos siguen ocupando un lugar marginal del conjunto de las compras online con un 3,2% del total; los mercados (86,3%), las tiendas de proximidad (78,4%), los supermercados (64,8%) y las grandes superficies (50,5%) son los canales preferidos para la compra de alimentos frescos.

En definitiva, la encuesta del impacto de los hábitos de consumo por la crisis de la COVID-19 ofrece dos conclusiones destacables. Por un lado, se percibe que el comercio de proximidad se ha reforzado durante los meses de confinamiento por la COVID-19 y ha abierto una oportunidad para este sector, que ha de ser capaz de continuar ofreciendo un producto personalizado y de confianza. Por otro lado, la ciudadanía se muestra esperanzada que esta crisis sirva para conseguir un consumo más responsable, es decir, más racional, equilibrado, sostenible, solidario y de proximidad. 

Hacia un modelo alimentario más sostenible

Como argumentan Ricard Ribera y Mercedes Vidal, la soberanía alimentaria debe ser el nexo sobre el cual articular un modelo de producción y consumo de alimentos que evite las desigualdades socioeconómicas que provoca el modelo actual. Los cambios de hábitos de consumo en favor de una alimentación de temporada, con menos protagonismo de la proteína animal y más conectada con la producción local debe facilitar esta transición que la crisis provocada por la COVID-19 ha acelerado. 

El incremento de supermercados cooperativos ubicados en zonas comerciales potentes —como el posible emplazamiento del supercoop Manresa con más de 400 personas asociadas en un céntrico mercado municipal— y la potenciación de la venta de productos locales a través de Internet son los instrumentos esenciales para conciliar los canales de compra preferidos por la ciudadanía y los hábitos de consumo con más proyección. De nuevo, desde la autogestión cooperativa ya se han aportado soluciones a través de la plataforma digital Katuma que, basándose en la tecnología y al conocimiento abierto, ofrece un instrumento de cooperación para la agroecología. 

Las políticas públicas tienen un papel determinante para la transformación global del modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Los Objetivos de la Agenda de Desarrollo Sostenible de 2030, promovida por Naciones Unidas, desde una perspectiva global, y el Pacto de Políticas Alimentarias de Milán (2015), desde una dimensión sectorial, inciden claramente en un modelo de consumo más justo, sostenible y saludable. En el contexto local, la Estrategia de impulso de la política alimentaria 2016-2019 del Ayuntamiento de Barcelona y la Carta Alimentària de la Regió Metropolitana de Barcelona (CARM) en clave de región son los instrumentos de coordinación estratégica para el desarrollo de políticas alimentarias basándose en esta transformación global. Los espacios de cocreación de políticas públicas, como el que se anticipa en la CARM o el proceso de participación ciudadana impulsada por la Generalitat de Catalunya para decidir el futuro de la alimentación en Cataluña deben proporcionar la posibilidad de generar procesos de cocreación de políticas públicas abiertos y que tengan una visión plural y de conjunto al reto de transformar el modelo de alimentación.  

En definitiva, el modelo alimentario actual genera una interdependencia global sobre la cual se invisibilizan impactos sociales, económicos y medioambientales. A pesar de las dificultades de distribución, el confinamiento de la pandemia de la COVID-19 ha mostrado una alternativa en torno a los circuitos de proximidad que facilitan una interacción más directa entre productor y consumidor. Estratégicamente, esta es una oportunidad para vincular los canales de compra más consolidados y con más proyección (supermercados e Internet, respectivamente) hacia modelos más democráticos y justos. Es una buena oportunidad para la promoción de supermercados cooperativos en centros comerciales y la consolidación de proyectos de cooperativismo de plataforma.  En este enclave, las políticas públicas tendrán un papel esencial para la consolidación (o no) de esta (nueva) oportunidad.

Autor / Autora

Doctor en Sociedad de la Información y el conocimiento por la UOC. Es miembro del grupo de investigación Digital Commons Research Group (DIMMONS) en el Internet Interdisciplinary Institute de la UOC. Su principal ámbito de investigación es el cooperativismo de plataforma.

Comentarios

Elisabet Duocastella Pla20 junio, 2020 a las 10:45 pm

Gràcies per l’article, molt ben argumentat i encantada de veure que facis al projecte que formo part, el SuperCoop de Manresa.

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