Obsolescencia programada: fabricado para estropearse

MARKETING – Artículo publicado a 13 de Marzo de 2018.



La funcionalidad manipulada

 

La obsolescencia programada consiste en planificar la vida útil de un producto al fabricarlo. Que una impresora imprima un número máximo de copias, que una lavadora realice un número determinado de lavados, que se le agote al dispositivo móvil la batería de forma irrecuperable tras un período de uso definido previamente… en definitiva, que el producto se tenga que renovar por muerte súbita en el momento en que decida el fabricante que hay que hacerlo.

La programación de la caducidad de los productos surgió en Estados Unidos, con la intención de promover el consumo e impulsar la economía, que tan deteriorada se encontraba durante la gran depresión que causó la devastadora caída del mercado de valores de la Bolsa en Wall Street, conocida como el crack del 29. Se trataba de que el consumidor adquiriera algo más nuevo antes de que fuera necesario, con el objetivo de generar más ingresos, derivados de las compras más frecuentes.

El deterioro de los productos aviva el consumo y la necesidad de producir mercancías. Sin embargo, actualmente, puesto que acortar deliberadamente la funcionalidad de los artículos, origina consecuencias realmente indeseables, con el fin de frenar esta práctica la Unión Europea propone que los fabricantes etiqueten los productos, para que el consumidor pueda saber la durabilidad que el productor ha dado a los mismos.

 

La renovación ilimitada en un planeta con recursos limitados

 

El gran efecto indeseado derivado de la obsolescencia programada, no es sólo el derroche de dinero que afecta a nuestro bolsillo cuando renovamos los productos con frecuencia (de acuerdo con Feniss, la Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada, se estima que una persona podría ahorrar entre 50.000 y 60.000 € a lo largo de su vida si no comprara los productos con la obsolescencia programada), sino la generación tan colosal de residuos contaminantes que provoca la sustitución de los productos caducados.

Comprar, desechar, y volver a comprar; sin reparar. Es la tendencia que se observa en la conducta de las personas. Pero la factura que esta actitud origina deberá ser socorrida por las próximas generaciones, quienes tendrán que afrontar como puedan, y si pueden, la repercusión medioambiental que habrá causado la acumulación de tantos residuos.

Según un estudio de la Organización de Naciones Unidas de 2016, anualmente se generan 44,7 millones de toneladas métricas de basura electrónica, de las cuales se recicla solamente el 20%. Y España, en este ranking europeo, se encuentra en la cola del reciclaje.

 

Durabilidad, sí; sin reparaciones, no

 

La medida presentada por la UE para revertir las consecuencias de la obsolescencia programada, constituye un primer paso hacia la actitud de transparencia que todo consumidor espera por parte de las empresas. Aun y así, la emisión de esta etiqueta no es sinónimo de garantía del producto, puesto que a lo largo de su vida éste podrá estropearse.

Habrá que diferenciar, por lo tanto, entre la garantía que se ofrece del producto, con respecto a su funcionalidad en perfectas condiciones, y la vida útil del mismo, o la duración de uso que se estima sin que pierda sus características esenciales.

En este último sentido, la etiqueta europea incluiría información sobre la durabilidad del producto, el cual podría repararse de forma sencilla y a precio relativamente asequible. Se lograría, de esta forma, que el coste de la reparación del artículo no sea el factor que condicione la decisión que toma el consumidor sobre renovar el producto o no hacerlo.

 

El efecto para las marcas

 

El enfoque de la obsolescencia programada radica en que el consumidor se sienta insatisfecho a corto plazo con el producto adquirido, y que opte por comprar otro más nuevo, con la imagen o el aspecto renovado. El marketing que realizan las empresas, asimismo, pretende lograr que el consumidor desee obtener el modelo o versión más nuevos.

En consecuencia, tanto el consumidor, cada vez más consciente de la importancia de realizar una compra responsable, como las organizaciones en favor de la sostenibilidad y el medioambiente, acogen positivamente la medida sugerida por la UE. En este aspecto, sin embargo, parece que los intereses que tienen los usuarios deban chocar con los propios de las empresas, dado que reducir la velocidad de este ciclo de compra continua en el que está inmerso el mercado, perjudicaría su economía.

No obstante, la emisión de la etiqueta reportaría otros ingresos a las empresas, puesto que certificar la vida útil del producto, podría incrementar su precio. Y además, cuando el producto se estropeara, la empresa facturaría por la reparación y los recambios.

Por otro lado, el etiquetado favorecería también la imagen de marca, ya que el consumidor percibiría la empresa como colaboradora en el cuidado del planeta, tras advertir que reduce los residuos.


Si te interesa esta entrada visita también la página de UOC News sobre la obsolescencia programada: La muerte programada de los electrodomésticos cuesta 50.000 euros a cada familia

Neus Soler LabajosNEUS SOLER LABAJOS

Miembro de la Comisión de  Expertos/as del Máster Universitario en Marketing Digital de la UOC y tutora del Grado en Marketing e Investigación de Mercados de la UOC. Experta en Marketing.

 


 

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Estudis d'Economia i Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) / Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
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2 Comments

  1. Excelente artículo. Me preguntaba si sabe de cualquier foro de discusión de usuarios que cubriera los mismos temas discutidos en su artículo? Realmente me encantaría ser una parte de la comunidad donde puedo obtener opiniones de otras personas conocedoras que comparte el mismo interés
    Si tiene alguna recomendación, por favor hágamelo saber. ¡Muchas gracias!

  2. Hola Jose,

    En primer lugar te agradezco el comentario y la valoración de mi artículo 🙂

    Lamentándolo profundamente (porque, como comentas, sería enriquecedor), no hay ningún foro donde se trate este asunto.

    A raíz del documental “Comprar, tirar, comprar” que se emitió en televisión hace ya algunos años, se abrieron líneas de discusión en varios foros (benchmarkhardware, virtualpro, vandal, por ejemplo), pero en ninguno se trató exhaustivamente el asunto ni se obtuvo gran participación del público.

    Quizás podría conseguirse abriendo un debate en LinkedIn…

    ¿Te animas?

    Si pones en marcha la iniciativa, no dudes en comentármelo, porque me añadiría al debate.

    ¡Gracias a ti por el interés!

    Un saludo.

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