Lo urgente y lo importante: una reflexión desde las geografías urbanas de la pandemia

24 abril, 2020 The Burning of Rome c.1834-40 by Joseph Mallord William Turner 1775-185

There has arisen in our time a most singular fancy: the fancy that when things go very wrong we need a practical man. It would be far truer to say, that when things go very wrong we need an unpractical man. Certainly, at least, we need a theorist. A practical man means a man accustomed to mere daily practice, to the way things commonly work. When things will not work, you must have the thinker, the man who has some doctrine about why they work at all. It is wrong to fiddle while Rome is burning; but it is quite right to study the theory of hydraulics while Rome is burning. 

G.K. Chesterton.[1]

La gestión de la crisis inicialmente sanitaria – pero con vises de ser sistémica – provocada por la expansión de la COVID-19 ha centrado toda la atención y los recursos gubernamentales fundamentalmente en los siguientes aspectos: en el control de la epidemia, en la regulación de los sistemas sanitarios para evitar su colapso y en estrategias de comportamiento social que creen un entorno menos favorable a la expansión del virus.

Evocando la imagen que recreaba Chesterton a partir de la leyenda de Nerón contemplando el incendio de Roma, hemos pasado de una cierta indolencia inicial respecto al recorrido que iba a tener el virus (‘no es más que una gripe’, ‘es un brote concentrado en Asia como los anteriores virus’, ‘no es necesario hacer nada porque la inmunidad de grupo hará su trabajo’) a un estado de emergencia que intenta gestionar los efectos inmediatos de la crisis a varias escalas, de local a global (confinamiento social, paralización de la economía, medidas políticas y fiscales excepcionales), a menudo sin el éxito esperado en el corto plazo. Esta situación que estamos viviendo nos señala que las cosas ‘no funcionan’, que muchas asunciones implícitas que teníamos sobre los engranajes del mundo contemporáneo han confirmado algunas dudas que se planteaban desde la academia y otros ámbitos. Cuando Roma arde, es imprescindible que nos replanteemos aspectos que definirán el futuro global a corto, medio y largo plazo, y que interactuarán con muchos otros factores relevantes que ahora corren el peligro de pasarse por alto, desde los retos derivados del cambio climático, la resiliencia de nuestros sistemas políticos y sociales o los efectos del intenso desarrollo tecnológico vivido en los últimos años.

Todos estos factores tienen una indudable dimensión geográfica, tan amplia, diversa y compleja como las que nos hacen hablar de ‘geografías’. Una visión cortoplacista del virus nos haría paliar sus efectos inmediatos sin fijarnos en las condiciones materiales sobre las que se sustenta y se reproduce su circulación, así como también (de manera radicalmente desigual) los impactos de esta pandemia y de otras que puedan venir.

Una visión de corto recorrido nos haría por ejemplo olvidar que en esta pandemia existe una evidente conexión urbana y natural, donde los modelos de desarrollo y creciente urbanización, aparentemente aislados de la ‘naturaleza’ exponen su vulnerabilidad ante fenómenos de zoonosis. La pandemia expone pues las geografías urbanas de la enfermedad, unas geografías socio-ambientales que como acuñaba célebremente Harvey nos reafirman que “there is nothing unnatural about New York City”[2] o cualquier otra ciudad. Entender estos procesos es fundamental para la gestión a largo plazo de esta y otras crisis que vendrán. El virus no es, pues, un choque exógeno como sería un meteorito, sino que tiene geografías particulares vinculadas a aspectos clave del urbanismo moderno desde los tiempos de Haussman o Cerdà. El modelo urbano vigente, está íntimamente relacionado con el modo en que el virus se ha expandido, un modelo basado en la movilidad, en la circulación de bienes, servicios y de personas, en definitiva. El desarrollo del capitalismo bajo el paradigma de las grandes concentraciones urbanas como solución o más bien factor clave del desarrollo capitalista basado en el uso intensivo de la tecnología han conducido – tal vez no tan paradójicamente como podríamos creer – a mayores niveles de movilidad.

Por otro lado, se ha puesto dramáticamente de manifiesto cómo el desarrollo desigual y la segregación urbana refleja la desigualdad en el impacto de crisis sociales, económicas y también de salud pública. La combinación de economías internacionalizadas y grandes centros urbanos han tenido un papel fundamental como aceleradoras de la expansión del virus, lo que pone en cuestión algunas visiones excesivamente optimistas sobre el modelo de desarrollo actual, al menos en lo que se refiere a los discursos dominantes sobre la globalización en la esfera económica y política. Aún así, una diagnosis precipitada nos podría retornar a debates como la contraposición entre los peligros de la densidad urbana y los beneficios de la suburbanización, que no dejan de ser dos caras de la misma moneda. Es más, si algo expone el virus es que, por un lado, es precisamente en los bordes de las ciudades, entre la urbanización y la suburbanización donde empiezan y se expanden los brotes (en granjas industriales, aeropuertos, etc.).[3] Y en términos relativos, los impactos negativos de la pandemia son mayores en zonas rurales o de baja densidad, la España Vaciada, por ejemplo, donde la inversión en infraestructura sanitaria es precaria.[4]

Si bien es ante estos procesos de crisis pandémica cuando es más fuerte la tentación de caer en un pragmatismo simplificador en exceso que se autoconvence de que la creación de soluciones ad-hoc para alguno de sus múltiples efectos permite resolverlo todo, debemos evitar esta aproximación. A modo de ejemplo, si existe un campo fértil para el solucionismo es en el mundo de lo tecnológico y en las últimas semanas han aparecido por todo el mundo aplicaciones para móviles diseñadas para controlar la pandemia. Estas se diseñan e implementan muy rápidamente.[5] Un gran ejemplo de lo práctico. La urgencia por el control de la pandemia hace que sean apoyadas tanto por administraciones e instituciones regionales, nacionales e internacionales como aceptadas por la sociedad. Aplicaciones que en los medios han sido explicadas como ejemplos del poder de las tecnologías digitales y los beneficios de la Smart City. Pero detrás de ellas hay cambios, no aparentes, sobre control y monitoreo de nuestras vidas – apoyados en cambios o suspensiones legislativas – que afectan nuestra privacidad bajo el discurso de la seguridad. Desafortunadamente, no hay que imaginar mucho donde se puede llegar, en China hace tiempo que hay reconocimiento facial y carné de puntos de buena ciudadanía, y ahora se lleva más allá y hay carnés de infección, se te etiqueta según tu riesgo de infección, etc. La urgencia nos presenta una falsa dicotomía entre seguridad y privacidad tal y como Nicky Case nos muestra.[6] Urgencia, que sin una reflexión puede cronificar modelos urbanos distópicos, ya que cómo argumenta Naomi Klein durante los momentos de catástrofe se abren ventanas de oportunidad para que los maestros del desastre saquen provecho de la realidad apocalíptica y lleven a cabo su agenda política rápidamente y esquivando el debate público.[7]

En su lugar, debemos analizar las paradojas que nos muestra la situación actual, y tomarla como un indicio global – en el sentido que ha llegado al corazón de las sociedades desarrolladas del norte global – para afrontar contradicciones a las que nos enfrentamos, y para pensar hacia qué modelos de organización social, política y económica queremos, o más bien deberíamos orientarnos. Debemos revisitar las tensiones que refleja la situación actual con relación a temáticas ampliamente estudiadas en nuestras disciplinas como la relación entre alta densidad y contagio, dispersión urbana y falta de recursos públicos. O para enfrentar también las limitaciones y efectos inesperados de los paradigmas como la emergencia de las ‘Smart Cities’ y los efectos en el incremento del control social, de la vigilancia, de la reducción de libertades, del creciente papel de las corporaciones privadas sobre lo público. Debemos abordar cuestiones sobre espacio público, vivienda, segregación, sobre la deseabilidad de un modelo basado en las ciudades globales o en modelos urbanos sostenibles, tal vez de tamaño medio, con mejores niveles de habitabilidad y autosuficiencia, pero también con mejores infraestructuras y servicios sanitarios.

Si no revisitamos críticamente estas y otras cuestiones, con sus límites y paradojas, si no nos planteamos normativamente qué tipo de sociedades queremos desarrollar, tal vez apaguemos el fuego que ahora mismo nos ocupa, pero una falsa sensación de ‘retorno a la normalidad’ nos hará ser más vulnerables a los retos que vendrán en un futuro inmediato. Ante la urgencia de lo que ya estamos enfrentando, la geografía y el resto de las ciencias sociales tienen más que nunca la tarea de pensar con perspectiva más allá de la inmediatez o de “lo práctico” y elaborar una agenda común sobre la cuál nos planteemos ‘what’s wrong with the world’. Una agenda que es intrínsecamente geográfica.


[1] G. K. Chesterton, What’s wrong with the world (Auckland, NZ: The Floating Press, 2011 [1910], 16).

[2] D. Harvey, “The nature of environment: dialectics of social and environmental change”, en R. Miliband and L. Panitch, eds., Real Problems, False Solutions. A special issue of the Socialist Register (Londres: The Merlin Press, 1993, 31).

[3] R. Keil, C. Conolly y S. Harris Ali, Outbreaks like coronavirus start in and spread from the edges of cities, https://theconversation.com/outbreaks-like-coronavirus-start-in-and-spread-from-the-edges-of-cities-130666

[4] https://www.eldiario.es/sociedad/Canarias-pocos-casos-coronavirus-Segovia_0_1017698330.html

[5] No es casual que una de las metodologías que se utilizan actualmente se llame «agile», que consiste en hacer programaciones pequeñas y frecuentes que cubren aspectos limitados y concretos, pero al ser iterativas e incrementales van haciendo que la aplicación se desarrolle rápidamente, se modifiquen problemas e incluso se vayan redefiniendo.

[6] https://ncase.me/contact-tracing/

[7] N. Klein, No is not enough. Defeating the New Shock Politics (Londres: Allen Lane, 2017).


Autores: Ivan Serrano1,2, Carlos Cámara1, Hug March1,3, Ramon Ribera-Fumaz1, Isabel Ruiz-Mallén1, Mar Satorras1

1Laboratorio de Transformación Urbana y Cambio Global, Internet Interdisciplinary Institute (IN3), Universitat Oberta de Catalunya.

2Estudios de Derecho y Ciencia Política, Universitat Oberta de Catalunya

3Estudios de Economía y Empresa, Universitat Oberta de Catalunya

Autor / Autora

TURBA es un colectivo de investigación interdisciplinario que explora las relaciones entre la sociedad, la naturaleza y la tecnología. La investigación en TURBA se encuentra en la intersección de las ciencias sociales, las ciencias ambientales, las humanidades, la arquitectura y la planificación. Estamos ubicados en el Instituto Interdisciplinario de Internet de la Universitat Oberta de Catalunya.

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