Efectos de la COVID-19 en el Turismo: factores a considerar (3)

11 mayo, 2020 coronavirus aeropuerto

La idea inicial de esta serie de artículos cronológicos era la de ir renovando su título en la medida en la que fuera posible identificar evidencias que permitieran establecer conclusiones sobre cuáles serían los efectos de la Covid-19 en el turismo del futuro. Pero esta circunstancia no se ha producido y ante la falta de certezas optamos por mantener el título. En las dos primera crónicas (1) (2), señalábamos que el grado de incertidumbre sobre esta cuestión era tan elevado que, objetivamente, no era posible realizar previsiones. En todo caso, como hacemos, si se pueden analizar los factores que pueden incidir en el alcance de estos efectos, como se refleja en los epígrafes. En este tiempo transcurrido, podemos establecer que el grado de incertidumbre sigue siendo tan elevado que no es posible todavía plantear conclusiones al respecto y por ello nos mantenemos en la línea de descomponer y clasificar los factores en los tres grupos relacionados con la salud, la economía y la escala de valores.

Ciertamente, ha habido avances significativos con el establecimiento y ejecución de las primeras fases de desconfinamiento y de reactivación económica. Pero, el diseño e implementación de estos ciclos están siendo ejecutados con tal grado (lógico) de prudencia que pone de manifiesto la magnitud de los interrogantes sobre los que se mueven los expertos científicos en materia de salud. Los elevados riesgos que apuntan a un posible rebrote de la pandemia parecen confirmar que, a corto o medio plazo, la reactivación efectiva de la economía sólo se producirá con el descubrimiento de una vacuna de alcance universal o, en su defecto, de una medicación que atenúe significativamente la gravedad de la enfermedad.

La (no) utilidad de los precedentes

En los artículos anteriores ya habíamos subrayado la relevancia de estas cuestiones de tipo sanitario a la hora de valorar la dimensión de la crisis y limitar la capacidad de realizar pronósticos sobre los efectos de la pandemia en el turismo. Ante momentos de incertidumbre generadas por sucesos imprevisibles de gran magnitud que no facilitan las previsiones a futuro, una opción recurrente y útil en muchos casos es revisar los posibles antecedentes de situaciones semejantes. Tampoco esta opción resulta factible. Se recurre al análisis de escenarios como la recesión del 2008, la crisis de las “puntocom” en el 2000 o, en el ámbito de la aviación comercial, de los atentados terroristas del 11S en el 2001 o incluso al crack del 29. Aunque pueda ser útil examinar estos antecedentes, las deducciones que se deriven de ellos sólo muy parcialmente podrán proyectarse sobre el caso que nos ocupa.

Desde una perspectiva epidemiológica puede tener interés estudiar la pandemia de gripe de 1918: sus características, formas de contagio o variables estadísticas. Pero desde la óptica de las ciencias sociales, dadas las diferencias políticas, económicas, sociales de aquella época no pueden obtenerse indicadores que faciliten proyecciones hacia la realidad actual, y menos en el campo del turismo. No deja de ser relevante, sin embargo, recordar que muy poco después de aquella pandemia, en 1919 y en 1921, tuvieron lugar respectivamente el primer y el segundo congreso de Turismo de Cataluña. Entre las conclusiones de aquellos eventos destacaban las que interpelaban a los responsables de las administraciones públicas en materia de gestión, promoción y financiación de actividades e infraestructuras para la dinamización de este incipiente sector, apelando a la coordinación entre ellas, como recoge Palou (2019) (3).

Un siglo después, en plena crisis sanitaria y económica, el rol de los poderes públicos sigue siendo crítico. Como hemos descrito en los artículos anteriores, su responsabilidad es máxima hasta el punto de que las decisiones que se tomen estos días, semanas y meses (definición del formato de las fases de desescalada y políticas de ayudas a empresas y puestos de trabajo) pueden ser determinantes para la configuración del sector turístico en los próximos años. Existe un consenso generalizado en el reconocimiento del liderazgo de la administración en la actual coyuntura. Y también una cierta preocupación ante actitudes que, en una crisis sanitaria y económica de proporciones históricas, muestran, más allá de las lógicas discrepancias políticas, movimientos tácticos electoralistas. Una decepcionante visión partidista y de corto plazo (sea del color que sea) que choca frontalmente con el necesario consenso en busca del bien común que exige una situación de emergencia. En este contexto, nos encontramos en la fase de reinicio (reset) de la actividad económica que tiene en el turismo y las conglomeraciones que caracterizan a sus actividades uno de los escollos más complejos de gestionar a partir de dos parámetros de difícil combinación: seguridad y economía.

El método prueba-error

El método prueba-error ha adquirido un protagonismo especial en la gestión de esta crisis. El elevado grado de incertidumbre existente en este tipo de procesos de decisión exige extremar la prudencia. Ante la necesidad imperiosa de reabrir establecimientos, el riesgo de un rebrote. Economía y seguridad. Reaperturas cautelosas con 30 % de ocupación en restaurantes, rentabilidades ruinosas para muchos. ¿50% de ocupación? Pruebas y errores en busca de consensos (públicos-privados) en unas fases de desescalada que muestran escenarios contradictorios. Madrid y Barcelona, y sus respectivas áreas de influencia, figuran entre los mercados emisores más importantes de Europa. Pero ambos territorios se encuentran también entre los más afectados por la pandemia, por lo que en el proceso de reactivación turística avanzan con una mayor lentitud que no les permite jugar el importante rol de dinamizador del turismo interior (y de proximidad) que le correspondería en esta fase inicial de desconfinamiento. Contrariamente, destinos turísticos tan representativos como las islas Baleares y Canarias, con menor afectación por la pandemia, ven limitado su potencial para desescalar a un ritmo más acelerado por su dependencia del transporte aéreo y marítimo, servicios postergados a las fases finales.

El debate sobre los efectos de la pandemia en la escala de valores de personas e instituciones es también relevante. Se identifican dos posturas contrapuestas. La de quien sostiene que una disminución significativa a corto o medio plazo de los riesgos de la epidemia (por descubrimiento de medicación efectiva o preferentemente vacuna) reactivará el consumo de manera significativa recuperando los comportamientos estándares previos a la crisis para que todo vuelva a ser igual. Y la de quien defiende, contrariamente, que la dimensión de la crisis es tan profunda que provocará cambios en la escala de valores de la ciudadanía e instituciones con efectos transformadores hacia una sociedad más sostenible.

Sigue siendo complejo hacer pronósticos también sobre esta cuestión y adivinar hacia qué lado se inclina la balanza. Pero, con los datos disponibles hoy, sí puede afirmarse que la profundidad de la crisis económica derivada de la parálisis de la actividad y el espectacular incremento de la deuda pública, provocará inevitablemente una reducción significativa del poder adquisitivo de la ciudadanía. Desde la perspectiva turística, el análisis por mercados, como siempre, marca diferencias sustanciales. Así, con los datos actuales, puede estimarse que la crisis económica será profunda para uno de los mercados emisores más importantes de Europa, como es el Reino Unido, donde al fuerte impacto de la pandemia se le unen los efectos del Brexit. En cambio, en mercados también importantes como el alemán (donde existen presiones para acelerar el proceso de desescalada en los viajes) o el de los países nórdicos los perjuicios económicos (siendo también graves) serán menores.

Con las informaciones que manejamos hoy, también podemos establecer que la crisis derivada de la pandemia, como mínimo, está actuando como acelerador de debates sobre procesos de cambio. De los más generales a los más concretos. El futuro de la Unión Europea, tras el mazazo del Brexit, está ahora en juego en función de las respuestas que se faciliten para la salida de la crisis, especialmente en los casos de Italia y España. En función de sus resoluciones, la unión puede salir reforzada o fatalmente debilitada. Como señalábamos en un artículo anterior, desde una perspectiva social, los escenarios de emergencia han situado en primer plano la discusión sobre la renta básica como derivada de la aplicación del denominado ingreso mínimo vital. En el ámbito de la empresa, se ha tomado conciencia de la necesidad de acelerar el desarrollo de la digitalización de las organizaciones, especialmente de las herramientas que facilita el teletrabajo.

¿Qué es esencial?

Son algunos de los muchos procesos de transformación que probablemente se están acelerando en este contexto. Pero, sin duda, el elemento que en mayor o menor medida puede condicionar la magnitud del cambio a devenir es el de la toma de conciencia (el cambio de la escala de valores) de la ciudadanía, instituciones y corporaciones. Se ha señalado ya en artículos anteriores que el valor de este indicador puede variar en función de la dimensión (aún por determinar) de la crisis. Pero en el glosario que quedará en la cronología de la pandemia, junto a palabras como desescalar o confinamiento, destaca una que nos interesa especialmente aquí: esencial. Un concepto del que surge un interrogante: ¿Qué es esencial?

La pregunta, más propia para reflexiones filosóficas, tiene trascendencia para valorar hasta qué punto los efectos de la pandemia pueden desencadenar alteraciones en las pautas de consumo de la ciudadanía y en los planteamientos de las organizaciones, más allá de la lógica sensibilidad por las cuestiones de seguridad sanitaria. Desde la implantación del confinamiento, el concepto de “esencial” ha sido determinante. Parecería que ha habido una vuelta a las esencias, como mínimo de forma introspectiva. Se han definido servicios y empresas esenciales, se ha advertido de excepciones para el confinamiento por cuestiones esenciales… individual y colectivamente se ha impulsado la reflexión sobre qué es esencial y que no lo es, con debates tan ilustrativos sobre si una peluquería es un servicio que entra en esta categoría. ¿Es el viaje esencial? Visto el crecimiento exponencial de los movimientos turísticos en las últimas décadas podría parecer que si no esencial, si por lo menos se asemeja a una necesidad (¿de consumo?). Aún entendiendo el viaje vinculado al ocio como una necesidad, es pertinente la pregunta de si todos los viajes cumplen las mismas funciones y si algunos más que otros son prescindibles o sustituibles por otros formatos en este entorno que puede propiciar (o no) cambios en la escala de valores de las personas. El análisis de este tipo de planteamientos y su influencia pasa a ser un elemento crítico en la toma de decisiones de los gestores de los destinos y su oferta.


Referencias:

(1) http://economia-empresa.blogs.uoc.edu/es/efectos-del-covid-19-en-el-turismo-factores-a-considerar/

(2) http://economia-empresa.blogs.uoc.edu/es/efectos-del-covid-19-en-el-turismo-factore s-a-considerar-2/

(3) Palou, S. (2019). “II Congrés de Turisme de Catalunya. Impuls a la indústria catalana”. 100 anys de congressos de Catalunya, pp. 21-30. Barcelona: Direcció General de Turisme. http://act.gencat.cat/wp-content/uploads/2020/01/100-anys-de-congressos-de-turism e-de-Catalunya.pdf

Sobre el autor

Profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Investigador del grupo de investigación en Turismo de la UOC, NOUTUR. Director de Oikonomics, Revista de Economía, Empresa i Sociedad de la UOC. Autor del libro “Turismo justo, globalización y TIC” (2009) y, con Luis de Borja, “El nuevo paradigma de la intermediación turística” (2009).

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