MaaS: Cuando la economía colaborativa amenaza los servicios públicos urbanos

EMPRESA – Artículo publicado a 10 de Julio de 2018.


El concepto MaaS está de moda en las ciudades globales. El número de noticias relacionadas con los nuevos servicios de movilidad urbana no para de crecer. Emergen compañías con nuevos modelos de negocio, se lanzan aplicaciones web ofreciendo nuevos servicios y, sobre todo, aumenta exponencialmente el número de usuarios potenciales de dichos sistemas.


La Movilidad como Servicio, o MaaS según su acrónimo inglés, constituye una nueva forma de entender la movilidad urbana de pasajeros y mercancías. Startups de base tecnológica como Cabify, Uber, Avancar, Zipcar, eCooltra, Scoot, Bicing o Blablacar han entrado con fuerza en el mercado, revolucionando no únicamente el transporte privado sino también el transporte público.

En términos de transporte privado, el impacto es evidente. Las grandes urbes han apostado fuertemente por la reducción del uso de vehículo privado motorizado. Los altos niveles de contaminación y los problemas generados por la congestión viaria han colmado la paciencia de las administraciones. Y sus políticas así lo indican. El aparcamiento en destino es cada vez más complicado. A la supresión de espacio de estacionamiento en vía pública, hay que sumar la conversión de las plazas libres en espacios regulados (normalmente de pago). Además, el acceso a los centros urbanos está cada vez más restringido y el control sobre las infracciones de tránsito va in-crescendo. Ante este escenario, son numerosos los jóvenes que optan por no comprar un vehículo propio, por adaptarse al transporte público para sus desplazamientos diarios y por alquilar puntualmente en caso de necesidad.

En términos de transporte público colectivo, las grandes metrópolis europeas disponen de altos niveles de dotación infraestructural per cápita. O, lo que es lo mismo, los servicios públicos de transporte ofertados tienen buenos índices de cobertura. Es relativamente fácil encontrar combinación de transporte público que nos permita desplazarnos desde un origen determinado a un destino específico. No obstante, dichas soluciones no siempre encajan con nuestros horarios o preferencias personales.

MaaS surge pues como nueva alternativa a casos como los anteriores. El nuevo concepto de movilidad incluye servicios como la compartición de vehículos para un viaje específico (carpooling), el pago por uso de un vehículo (carsharing, public bikes, etc) o el pago online de una tarifa por servicio (e-hailing). De hecho, el concepto MaaS va incluso más allá, contemplando viajes combinados entre las diferentes opciones mencionadas. La posibilidad de comparar opciones nos ofrece una idea del tiempo invertido mediante cada opción, aunque también es posible comparar horarios y costes de desplazamiento. Se multiplican así las posibilidades de transporte y el usuario dispone de un mayor abanico de opciones para satisfacer sus intereses.

Buena parte de dichos servicios podrían categorizarse dentro del concepto amplio de la economía colaborativa. Cierto es que algunos modelos de negocio son más cooperativos, como por ejemplo la compartición de vehículo en trayectos determinados, y otros más vinculados a la economía de plataforma, como Uber o Cabify. Pero lo cierto es que todos ellos tienen un impacto nada menospreciable sobre la movilidad urbana.

En términos ambientales, debemos reconocer que algunos de estos sistemas ofrecen respuestas más sostenibles a los diferentes tipos de desplazamiento actuales. Vehículos con mayores ratios de ocupación o el hecho de reducir el parque de vehículos son ejemplos de ello. No obstante, dicha sostenibilidad podría ser discutida desde una óptica socioeconómica del sistema en su conjunto. Una de las grandes críticas a las economías de plataforma es su impacto sobre la desigualdad social. Estudios recientes indican que son las clases medias aquellas que más se benefician de dichos servicios, mientras que las clases más populares no son capaces de aprovechar todo su potencial. A su vez, la irrupción de todos estos nuevos modelos de negocio al mismo tiempo ha fragmentado el mercado; siendo francamente difícil que prosperen las iniciativas locales y permitiendo a las grandes multinacionales quedarse con una cuota de mercado creciente con el tiempo. De hecho, dicha inestabilidad en el mercado podría llegar a afectar al transporte público si no se toman medidas adecuadas. El hecho de trabajar sin competencia directa y confiar en el paraguas de la administración pública ha permitido a los operadores de transporte público manejarse tradicionalmente con cierta confianza. El problema surge ante la irrupción de competidores directos que pueden atraer a sus usuarios, bien sea por ofrecer servicios más cómodos, servicios más económicos o por ofrecer nuevas alternativas de transporte.

En cualquier caso, sería conveniente empezar a cuestionar el modelo de transporte público existente y revisar sus expectativas a medio y largo plazo. En caso de que se deban tomar medidas, ahora es el momento. Nuevos marcos regulatorios para delimitar las condiciones de servicio de dichos nuevos sistemas, tasas por uso de los servicios acorde a su impacto sobre la ciudad o bonificaciones para aquellos modos más sostenibles son sólo algunas cuestiones a considerar. No plantearse dichos dilemas a tiempo puede permitir a las compañías ganar cuota de mercado exante, siendo difícil restringir su actividad a posteriori. Para muestra, los casos recientes de Airbnb o Uber, con procesos judiciales abiertos en numerosas ciudades europeas.


EDUARD J. ÁLVAREZ PALAU

Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos especializado en infraestructuras del transporte, logística, movilidad urbana, servicios urbanos, urbanismo y ordenación territorial. Profesor colaborador en Logística y Transportes de los  Estudios de Economía y Empresa de la Universitat oberta de Catalunya (UOC).


 

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Estudis d'Economia i Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) / Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
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