¿Está la tasa de ahorro de las familias en caída libre?

CAROLINA HINTZMANN

/ECONOMIA – 6 de mayo de 2019



De acuerdo con el “Informe sobre España 2019” de la Comisión Europea (Documento de trabajo SWD, 2019) relativo a la evaluación de avances en la corrección de los desequilibrios macroeconómicos, se estima que el crecimiento se desacelerará hasta alcanzar el 2,1 % en 2019 y el 1,9 % en 2020.

Este comportamiento vendría explicado por una ralentización del consumo privado, al absorberse la demanda acumulada y reservar los hogares parte de su renta disponible. En consecuencia, se estima que la tasa de ahorro de los hogares invierta su tendencia decreciente mostrada en el último lustro y empiece a recuperarse en 2019 para ir aumentando ligeramente en 2020.

En 2018 la tasa de ahorro cayó a su mínimo histórico

A finales del año 2018 se disparó la alarma: según el ya mencionado “Informe sobre España 2019”, la tasa de ahorro de las economías domésticas había retrocedido hasta situarse alcanzado un mínimo, desde el inicio de la Gran Recesión.

No han sido pocos los medios de comunicación que en el primer trimestre del año 2019 se han hecho eco de esta noticia. Así pues, el Instituto de Estudios Económicos (IEE) en una nota de prensa del pasado mes de febrero señala que “la Comisión Europea prevé una tasa de ahorro de los hogares del 5,1% en 2019. Con ello, nos situaremos 4,7 puntos porcentuales por debajo del promedio de la UE-28 y 4,2 puntos por debajo de nuestra tasa de ahorro en 2014, que fue del 9,3%”. Así, España se sitúa junto con el Reino Unido entre los países cuya tasa de ahorro ha experimentado una mayor reducción en los últimos cinco años. No obstante, cabe añadir que desde el año 2014, esta variable en promedio muestra una ligera tendencia a la baja en los países de la UE-28.

También  El País y Expansión avisaban de este comportamiento negativo indicando que la tasa de ahorro de los hogares al finales del 2018 había alcanzado un mínimo histórico al situarse en un 4,9% de su renta bruta disponible.  

La pregunta que surge ante esta alarma es qué consecuencias tiene para la economía una tasa de ahorro reducida. ¿No entra esto en contradicción con el mensaje que recibe la población de que hay que consumir?

¿Por qué un mayor consumo no genera una mayor renta bruta disponible?

Para entenderlo es importante conocer, previamente, ¿cómo se define el ahorro? Éste resulta de la diferencia entre la renta bruta disponible (RBD)[1] y el consumo. Por lo tanto, el comportamiento de la tasa de ahorro[2] depende de la evolución de la renta bruta disponible y del consumo de las familias. Así pues, dada una RBD, si las familias aumentan su consumo, éstas ahorrarán menos.

¿Qué efectos tiene un mayor consumo sobre la economía? Un mayor consumo supone una mayor demanda de bienes y servicios, la cual se traduce en una mayor producción por parte de las empresas, que a su vez aumentan su inversión para cubrir esta mayor demanda, de manera que esta mayor actividad económica genera más renta bruta disponible y un mayor crecimiento económico, con lo cual la población dispone de renta para consumir y así sucesivamente. Esto genera un círculo virtuoso. Así pues, ¿dónde está el problema?

Para explicarlo de una forma sencilla, se va a recurrir esquema del flujo circular de la renta, que parte de la base de que en una economía en equilibrio todas las salidas de dinero han de ser iguales a las entradas de dinero. En una economía donde no se consume todo lo que se produce, aparece lo que se denomina una salida o filtración en el flujo circular de la renta, que es el ahorro (una parte de las rentas o ingresos generados por la producción que no se consumen), y a la vez, aparece una entrada o inyección, que es la inversión (las unidades de producción reciben una demanda para producir bienes que no son de consumo).

El equilibrio en el flujo circular se mantendrá siempre que las entradas igualen a las salidas, es decir, en este caso, que el ahorro iguale a la inversión. Por lo tanto, se trata de lograr un equilibrio entre el consumo y el ahorro tal que permita, a su vez, asumir la igualdad entre el ahorro y la inversión.

Encontrar el equilibrio entre consumo y ahorro no siempre depende de las famílias

ahorro 2

Lo anterior no es fácil de conseguir y mantener, puesto que una de las complicaciones que padecen las economías modernas es la que resulta del hecho de que los agentes económicos responsables de las decisiones de consumo son diferentes de los responsables de las decisiones de inversión. Las decisiones de consumir o de ahorrar las adoptan sobre todo las familias, mientras que las decisiones de poner en marcha los proyectos de inversión las toman las empresas. Por consiguiente, el equilibrio no queda garantizado. En realidad, la principal tarea del sistema financiero consiste en captar el ahorro de las familias y canalizarlo eficazmente hacia la inversión. Cuando el ahorro es muy bajo, la economía para continuar funcionando debe recurrir al endeudamiento con los riesgos y costes que ello representa. De ahí la preocupación cuando la tasa de ahorro de las familias es muy baja.

No obstante, las mismas fuentes, (Comisión Europea, 2019 y Carreras, 04/2019), que informan sobre la reducida tasa de ahorro de los hogares, se muestran optimistas ante su futura evolución, pues ésta parece mostrar una tendencia a la recuperación, a la vez que se normaliza el consumo. Según ellos lo que ha sucedido es que durante la crisis las familias pospusieron sus planes de consumo, “embalsaron el consumo”, y se dedicaron a ahorrar. Una vez superada ésta, el consumo se ha disparado llegando a crecer por encima de la RBD, disminuyendo la tasa de ahorro.

La explicación (Comisión Europea, 2019 y Carreras, 04/2019) de este comportamiento se debe al “desvanecimiento del efecto del «consumo embalsado»: el fuerte empuje del consumo en los últimos años se explica, en gran parte, por la materialización de planes de consumo que los consumidores habían pospuesto a lo largo de la crisis. Ahora que se han puesto al día, cabe esperar que las familias moderarán su patrón de consumo.”

Así pues, una vez superada esta etapa, la previsión es que este comportamiento revierta y el consumo se ralentice situándose por debajo de la RBD.

[1] La renta bruta disponible (RBD) es la renta que queda disponible a los hogares para destinar al consumo (C) o al ahorro (S).

[2] La tasa de ahorro (s=S/RBD) es el porcentaje de la renta bruta disponible que no se destina al consumo.


Referencias bibliográficas:

Carreras, O., 04/2019: “¿Seguirá cayendo la tasa de ahorro española?”, pp. 21-22, Informe Mensual 04, Caixa Bank Research.

Comisión Europea, 27.2.2019: “Informe sobre España 2019”, SWD (2019) Documento de trabajo de los Servicios de la Comisión. Bruselas.

Banco de España, 2018: “Evolución y perspectivas de la tasa de ahorro de los hogares en España”, Recuadro 5, Inhttps://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/boletines/relac/Boletin_Economic/Informes_trimes1/index2018.htmlforme trimestral de la economía española, 23 Boletín Económico 3/2018, Madrid.


*Carolina Hintzmann es Doctora en Economía y Directora del Grado en Economía de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya UOC

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